miércoles, 6 de octubre de 2010

Cuide sus pertenencias y a sus niños!!


Otra vez acá, indignada. Indignada porque el mundo esta muy mal organizado y de alguna forma me tengo que descargar. Y es que no soporto más los atropellos ¡Me cansé de que me quieran pasar por encima y no me dejen vivir!

Hoy voy a quejarme de los padres descuidados. Esos que dejan a sus hijos librados al azar del destino y no les ponen ningún tipo de límites. Los que permiten que sus hijos hagan lo que se les re cante las bolas y que molesten al resto de la humanidad que nada tiene que ver con ellos. Aquellos que no les dan pelota sus descendencias o no logran manejarlos haciendo que sus accionares repercutan en mi vivir diario.

Así se encuentra uno usualmente con esta clase de personas que no contestan las maravillosas preguntas de sus niños, que no acuden a los gritos que salen de sus gargantas, que los dejan solos en el cine mientras ellos van a ver algo más interesante. Este es un mensaje del Ministerio de Gabi para todos aquellos descriptos anteriormente: Sras. Madres y Sres. Padres de sus hijos: Existen los límites, ¡úsenlos, dan resultado!. Muchas gracias.

Y esta que les va a continuación es solo un ejemplo de lo que puede llegar a pasar cuando una persona no puede controlar a su hijo, o le da lo mismo joder a los demás.

¿Por qué siempre que uno va a hacer un viaje y realmente tiene sueño, hay un niño que llora o grita o está pasado de rosca y no quiere callarse? Pucha digo...

Me subo al colectivo de vuelta de San Nicolás, saludo a Lau y a Mr. Juan que me fueron a despedir a la terminal, ubico mi lugar, me siento y ¡zas! empieza el quilombo. No me deja ni acomodarme en mi sitio que ya se escuchan los gritos. El niño llora. La madre intenta calmarlo. El padre duerme (claro, el sr. ya estará acostumbrado a los chillidos de su bebés, pero los demás no). El pequeño engendro sigue gritando y ahí es cuando su progenitora, cansada de probar opciones poco exitosas decide cantar. Yo no se si es peor escuchar los gritos del nene o el canto de su madre. Si me hubieran dado a elegir, no se que hubiera hecho. Por suerte, muy mala suerte, no tuve más remedio que escuchar los dos juntos, ya que evidentemente el niño no quería que su madre le cantara.

Después de dos horas de intentos fallidos por calmarlo y casi a 30 minutos de llegar a Retiro, se le iluminó la lamparita a la dueña del sujeto emisor del insoportable ruido y decidió darle de comer.

¡El pueblo agradecido!





Señores, no sean de aquellos que dejan a sus hijos solos en el aeropuerto u olvidados en un supermercado...

jueves, 5 de agosto de 2010

Saber guardar las distancias...

Y hoy voy a hablar, bueno no, a escribir de los extraños y su afan por la cercanía. Debo confesar que siempre me molestaron estos comportamientos de la gente en espacios públicos, pero la persona que me llevó a reflexionar sobre ello fue una amiga de una amiga.

A ver, quisiera que alguien me cuente, si es tan amable ¿por qué si hay lugar en el pasillo del subte (cuando magicamente hay lugar) tienen que pasar pegados a uno y empujar? ¿Para qué acercarse tanto a alguien que no conocés?

Situación número 2: Me agarro del caño del colectivo para no caerme. Viene otro individuo y se agarra del caño también. Hasta ahí vamos bien porque el caño es lo suficientemente extenso como para albergar dos manos. Pero ¿le pueden avisar a ese otro individuo que el caño tiene una cantidad increible de espacios para agarrarse mejores que el que está pegado a mi mano?

Y un ejemplo más, la fila del colectivo. Hola, yo soy Gabi y tengo una gran noticia para darte a vos que estás parado atrás mío: ¡Tenés toda la cuadra! ¿Es necesario que te pongas taaaan cerca? Digo, porque me resulta poco agradable... Y no solo eso, tengo otra hermosa noticia: Si me corro hacia adelante no es para que te corras conmigo, es para crear un poco de aire libre entre los dos.

Una más y termino. Esto está basada en un hecho más puntual. Quería yo sacar unos pasajes en una sucursal de Plataforma 10 y adelante mío había una pareja que viajaba a San Nicolás (ciudad natal de mi amiga bloggera Lau). Yo esperé mi turno guardando una distancia prudencial tal que no creyeran que estaba tratando de escuchar lo que decían, y que a la vez se supiera con seguridad que formaba parte de la fila. En eso se posicionó otra persona detrás mio. Cerca, muy cerca. Y se movía cuasi rozándome. Respiraba fuerte y llegaban hasta mí sus resoplidos de inconformismo.

Cuando la pareja hubo finalizado su transacción me acerqué para pedir mis pasajes ¡Y a que no adivinan que pasó! ¿Están pensando lo mismo que yo? ¡Bingo! La chica se me pegó atrás. Primer acto: la miro y no se da por aludida. Segundo acto: la miro y no se da por aludida. Tercer acto: la miro y no se da por aludida. ¿Cómo se llama la obra?. Respuesta: ¡¡¡Tenés todo el patio de comidas del abasto!!! Si me quería poner incómoda se llevó el premio. Mientras el chico simpático del puesto me explicaba horarios, empresas, precios, plataformas, salidas, llegadas, etc. lo más rápido posible, la chica seguía resoplando y recontrasoplando en las inmediaciones de mi persona.

Una vez que terminé de adquirir los tres pasajes de ida y los tres de vuelta, saludé al vendedor que me deseó un buen viaje y me regaló una sonrisa. Me di media vuelta para emprender la retirada y me choqué de frente a la chica, que sin devolverme el "uy disculpá" empezó a exigir cosas.

Y yo me alejé, contenta por tener mis pasajes y pensando, ojalá le haya contagiado la conjuntivitis =)






¡He dicho!

sábado, 31 de julio de 2010

La peor clase de personas

Empiezo este blog porque estoy indignada, ¿qué digo indignada? Indignadísima. No puede ser que algo así esté pasando y nadie se moleste en decir o hacer absolutamente nada ¿Será posible? Me caigo y me levanto.

No puedo creer que esto no salga en los diarios. Yo quiero reclamar, o mejor dicho DENUNCIAR a todos aquellos individuos que aun así teniendo un paraguas, se desplazan por debajo de los techitos, quitándole la posibilidad de resguardo a aquellos que (como yo) no creen en la utilización de dichos artefactos cóncavos ¿Por qué van por abajo del techito? ¿No se dieron cuenta de que lo que tienen en la mano es justamente un techito portatil?

Pues bien. Yo creo que si solo fuera ir por abajo del techito con paraguas no estaría tan enojada. Pero esto no termina ahí... sigue siguiendo y sigue así. El sujeto que sostiene en su mano el adminículo impermeable, no contento con verlo a uno mojándose como un pelotudo, suele tener la divina costumbre de pegarle a uno con el paraguas. Así es como uno termina mojado, golpeado y puteando. Una verdadera desgracia, sobre todo si estás yendo a trabajar, que no es grato de por si.
Lo peor de todo es cuando se chocan dos personas que iban con paraguasporabajodeltechito y que por venir de frentes opuestos y no querer dejar su posición de privilegio y doble-techo, colisionan haciendo que uno, que pasa por el costado sin techito, salga expulsado de la vereda. Y si tenés mucha suerte (como yo) te cruzás seguido con señores o señoras que usan su artefacto como escudo, y no ven por donde transitan. Estos suelen dejarte el paraguas de sombrero, y te acordás de ellos toda la semana porque te queda un moretón a modo de autógrafo.

Voy a arriesgarme a decir que el peor tipo de personas son las que caminan con paraguas por abajo del techito.






He dicho!